Las Soluciones Para Que Las Bolsas De Plástico No Sigan Ahorcando El Planeta

A nadie se le escapa ya que el consumo de bolsas de plástico, que pueden tardar hasta 400 años en desaparecer si no se reciclan, constituye una de las mayores amenazas para el medio ambiente. Son productos que contaminan el suelo, el aire y el agua, que obstruyen desagües y tuberías y que matan animales. Muchos países en el mundo están tomando medidas para reducir la producción de estos sacos con orejas contaminantes y, como ellos, tú, yo y el de al lado podemos aportar nuestro poquito.

Cada español usaba de media unas 300 bolsas de este tipo en 2007, pero ahora, según la Asociación Española de Industriales de Plástico (Anaip), el consumo se ha reducido a poco más de 100 por cabeza (sobre un 60%). Las datos, aunque son positivos, en Ecologistas en Acción no se los creen demasiado porque Anaip es la patronal de empresas que trabajan el plástico. El gobierno está preparando un Real Decreto que pretende rebajar el consumo de las bolsas de plástico ligeras y no biodregadables. El objetivo es llegar a las 90 unidades por persona en 2019 y a las 40 en 2026. Este plan afecta a las típicas bolsas que se venden o regalan en súpers, hipermercados o centros comerciales. La novedad de esta medida es que a partir del 1 de enero de 2018 todos los comercios españoles tendrán prohibido dar estos productos gratis y se gravarán con entre cinco y 30 céntimos de euro en función del espesor y el material.

Qué puedo hacer yo

Teniendo en cuenta que las bolsas de plástico son, según Ecologistas en Acción, la principal fuente de contaminación en los ríos y playas de España, ¿qué podemos hacer desde nuestra modesta posición para no joder el planeta? La respuesta más obvia, la que cae de cajón, es no usarlas. En Francia, por ejemplo, los supermercados, farmacias, panaderías, gasolineras y grandes superficies comerciales tienen prohibido usar bolsas de plástico —algunas desde julio de 2016 y otras desde este 1 de enero—. A Carlos Arribas, de Ecologistas en Acción, le gustaría que la medida del gobierno español fuera parecida a la de nuestro país vecino, con un veto absoluto para proporcionar este tipo de productos y no con un muro de pago: "Pensamos que se deberían prohibir, como también pasa en Italia, y creemos que las medidas llegan tarde. Las bolsas y los envases son un veneno para el medio ambiente".

Aunque en Francia las bolsas de plástico más finas —para frutas y vegetales— también están prohibidas, en España los comercios podrán seguir entregando gratis las que son muy ligeras —con un espesor de menos de 15 micras— en 2018. Se hace por razones de higiene y porque sirven para alimentos a granel, pero también son contaminantes, así que no es fácil comprar fresas, plátanos o cebollas si no tienes un envase. En este caso, nuestra aportación sería meter la bolsa en el contenedor amarillo de plástico. Esta acción, que parece tan sencilla, no ha arraigado todavía en nuestra sociedad: solo el 10% de las bolsas se reciclan en España. Estas se utilizan para hacer más bolsas u otros productos, como asfalto. Hay otro 40% que se incinera, pero una de cada dos acaba en vertederos o en ríos, bosques y playas.

Este problema, que destruye paisajes con bolsas de todos los colores o minitrozos de estas en cada rincón de la naturaleza, es especialmente grave en África, donde los Gobiernos han emprendido una especie de guerra contra este producto. Más de una veintena de países, como Ruanda, Uganda, Gabón o Kenia, lo prohibieron de manera tajante o lo venden como si fuera un artículo de lujo. Aunque es un reto encontrar soluciones alternativas económicas, las bolsas son un problema social muy grave en este continente, con canales de desagüe obstruidos que generaron inundaciones y problemas de higiene que contribuyeron a la aparición de enfermedades mortales como la malaria.

Prohibir o reciclar

En España el problema no ha sido de tal envergadura porque hay 95 plantas de selección para reciclar plásticos, 100 recicladores y 330.000 contenedores amarillos, según datos de Anaip. Con todo, hay bolsas de diferentes tipos: están las compostables, que no solo son biodegradables, sino que se pueden usar como abono orgánico (compost), y las oxodegradables, que no se degradan en el medio ambiente y forman microtrozos que perjudican a suelos, aguas y animales al mantenerse en partículas tan diminutas. "El problema está en pensar que las compostables sustituyen a las otras. No es así, las compostables solo sirven para materia orgánica y tampoco es tan fácil destruirlas y reciclarlas", explica Carlos Arribas.

El país que está a la vanguardia es Irlanda, que ya en 2002 impulsó un impuesto del 20% sobre las compras de quienes piden bolsas de plástico. La medida fue un éxito, con una bajada del 90% en el uso de este tipo de productos y con la inversión de lo recaudado en programas de protección ambiental y de reciclado. En España no habrá tal medida, al menos de momento, y lo que nos queda es echar las bolsas que tengamos al contenedor adecuado y usar y pagar por las menos posibles. Hay bolsas de tela, de papel —que ya suponen el 36% de las que hay en circulación— y mochilas bien grandes y bonitas para guardar cuanto quieras y no fastidiar las manos y el planeta.