Fairphone, El Smartphone Ético Y Libre De Pecado

Hemos estado demasiado ocupados haciendo la guerra política en nuestros tablones de Facebook, discutiendo sobre Donald Trump con nuestro cuñado y viendo en Youtube colecciones de zascas de Pablo Iglesias a tertulianos de la derecha española. Mientrastanto, en una pequeña oficina cerca de la estación central de Ámsterdam, un grupo de inventores libra su particular batalla contra la injusticia. Son los creadores del Fairphone, un teléfono móvil de alta gama sin ninguna característica técnica o estética que lo distinga de los grandes competidores del mercado. Gigabytes. Megapíxeles. Horas de batería. Un smartphone común que bien podría pasar desapercibido sino fuese porque esconde un esperanzador secreto: se trata del primer teléfono inteligente exento de minerales rodeados de conflicto y explotación. Sé lo que estás pensando: ¿y, entonces, qué ocurre con mi teléfono?

Tu smartphone, mi smartphone, tienen un pasado oscuro. Los minerales esenciales para su fabricación (tantalio, tungsteno, estaño y oro) provienen del África Central, principalmente de la República Democrática del Congo. Aquí descansa el 80% de las reservas mundiales de coltán, mineral del cual se extrae el tantalio, presente en todos los dispositivos electrónicos del planeta. Esta riqueza, lejos de ser un motor económico para la región, se ha convertido en una pesadilla para sus habitantes: mafias internacionales y guerrillas provenientes de países vecinos como Ruanda o Uganda controlan el negocio de la minería con una indiferencia absoluta hacia los derechos humanos, siendo habituales las condiciones esclavistas de trabajo, los desalojos, los alistamientos forzosos de niños soldados o las violaciones en masa de mujeres y niñas como método de terror. Una tragedia que el capitalismo ha sabido rentabilizar, obteniendo las materias primas a costes muy reducidos.

Pero no solo África padece como consecuencia de la carencia de estándares éticos por parte de las multinacionales. En Asia, donde tienen lugar los procesos de ensamblaje de los teléfonos móviles, la vulneración de derechos laborales es sistemática, pero la opacidad informativa consigue que los consumidores occidentales vivamos de espaldas a ello. O ignoramos cuanto ocurre allí o, aunque lo intuyamos, la falta de pruebas y nuestro deseo de negación nos conducen a la indiferencia. Según Amnistía Internacional, el ochenta por ciento de las empresas tecnológicas no controlan o no revelan la procedencia de sus materias primas. La publicación de escándalos como el caso Foxconn (principal fabricante de Apple, Motorola, HP, Sony, Nintendo y Nokia), empresa taiwanesa en la cual se suicidaron más de veinte personas entre 2010 y 2012 a causa de la explotación laboral, nos despierta, de tanto en tanto, de esa ignorancia o indiferencia que nos sirve para continuar con nuestro consumo despreocupado. Ojos que no ven, asiático que no siente.

Hasta el año 2013, la alternativa comercial era inexistente. O formabas parte de la injusticia social y laboral con la compra de un smartphone, o acababas convertido en un outsider desgeolocalizado, un anacoreta incomunicado, un hipster huérfano de las enseñanzas de Tumblr e Instagram. Fue entonces cuando el equipo liderado por el holandés Bas van Abel, ganador del prestigioso German Environmental Award, dio vida al primer modelo del Fairphone con la ilusión de reivindicar que otro paradigma de fabricación y consumo es posible. El éxito del humilde justiciero de la telefonía móvil fue tan grande que dos años después, en el verano de 2015, la compañía holandesa puso en el mercado un segundo modelo: el Fairphone 2, un paso más allá en la voluntad por educar a los consumidores.

Al compromiso ético por la obtención de minerales inocentes, reciclaje de materiales y fabricación bajo estándares laborales justos se unía el deseo de combatir con ingenio los malos hábitos que los gigantes de la telefonía móvil nos habían inoculado a lo largo de las últimas décadas. La obsolescencia programada trabaja codo a codo con la publicidad para empujarnos a una carrera sin fin por la compra de nuevos modelos. Más grandes. Más brillantes. Menos pesados. Frente a esto, el FairPhone 2 plantea un modelo alternativo de relación con nuestro teléfono, alargando su vida útil. ¿Cuándo comenzamos a pensar que era mejor comprar zapatos nuevos que acudir a un zapatero?

Su fabricación por módulos, adquiribles de manera independiente en la tienda de la compañía y fácilmente instalables con la ayuda de sus videotutoriales, lo han convertido en el único dispositivo electrónico con una nota de diez en iFixit. A pesar de todo ello, no superó las 60.000 unidades de venta en su primera versión. Cifras humildes, pero resaltables cuando hablamos de un producto que no contó con el apoyo de ninguna marca potente y que supone una alternativa responsable con los derechos humanos y el medio ambiente.

No hay vuelta atrás. La próxima vez que exploremos internet o ese catálogo de Navidad que entró sin permiso por debajo de nuestra puerta, la ignorancia será imposible y la indiferencia un poquito más difícil. Porque hoy, más que nunca, gracias a la tecnología y a la cadena humana que la hace posible, estamos conectados a lo ancho y largo del planeta. Y en un mundo así, el Fairphone no puede pasar desapercibido.