La Verdad Sobre La Experimentación Animal En La Cosmética

Cientos de cobayas, ratones o conejos sufren 'tests de toxicidad' para ver qué reacción tienen los productos en ellos. Durante meses se les inyectan sustancias para comprobar, por ejemplo, si se quedan ciegos o aparecen tumores o malformaciones. En otras ocasiones se les mete el producto por la garganta para ver si sufren vómitos, temblores o fallos orgánicos. Y sí, claro, muchas veces los sufren. Cuando las pruebas han acabado, se les sacrifica.

Aunque aún queda mucho por hacer, desde 2013 está totalmente prohibido comercializar en la Unión Europea cosméticos que hayan sido probados en animales, aunque las pruebas se hayan hecho fuera de Europa.

La normativa puso la industria patas arriba porque desde entonces las empresas que quieren vender sus productos a los más de 500 millones de consumidores europeos tienen que garantizar que ni una rata, ni una cobaya, ni un solo conejo han sido inyectados con los productos que contiene el pintalabios, colonia o champú en cuestión.

Una vez entrada la norma en vigor, las compañías empezaron a usar otros métodos de testado, que muchas veces han resultado más baratos e incluso más efectivos. Es decir, sí; hay otros métodos. Los experimentos con animales no son necesarios para garantizar la salubridad de estos productos.

El problema no está resuelto

Pero espera, que no es oro todo lo que reluce. Es verdad que los cosméticos que se venden en la UE y en otros países como Israel o India, que siguieron a los europeos con la prohibición, no han sido testados en animales. Pero eso no quiere decir que las empresas no los usen.

La treta que muchas han buscado es hacerlo fuera de los territorios que lo prohíben, pero hacerlo, lo hacen. Especialmente para vender en China, ya que sus autoridades han creído que es más seguro vender productos que hayan sido antes probados en animales. De momento de nada sirve que los clientes europeos usen pintalabios y colonias libres de sufrimiento animal. Los chinos no se fían y, o se testa en animales o no se comercializa.

La asociación PETA, que defiende el trato ético a los animales, ha certificado que algunas compañías como The Body Shop o LUSH están entre los chicos buenos que no testan con animales en ninguna parte, mientras el gigante Unilever –que comercializa marcas como Dove, Rexona o Pond’s– o la multinacional Procter & Gamble –Pantene, H&S o Gillette– sí lo hacen para productos vendidos en países fuera de la UE. En este enlace puedes consultar la lista de firmas que SÍ testan en animales. Y en este otro aquellas que no.


El coladero de la ley

Otro de los caballos de batalla contra el que luchan los animalistas es la norma europea Authorisation and Restriction of Chemicals (REACH). Lo que dicen es que actúa, básicamente, como un coladero. Todas las compañías químicas deben acreditar ante la UE los efectos que sus productos tienen en la salud y el medio ambiente. Y para ellos deben haberlo probado obligatoriamente en animales.

Entre 2007 y 2013, denuncia PETA, se han usado 800.000. Debido a la presión de los animalistas, las condiciones se han mitigado un poco, pero el programa está aún en vigor. Y lo llaman coladero porque muchos de los productos que luego se usan para producir cosméticos han sido probados en animales a través de REACH.


Otros productos del hogar

Además, hay un segundo frente. Aunque en Europa los cosméticos que se venden en teoría ya no pueden haber sido creados sobre el sufrimiento de animales, no se puede decir lo mismo de los productos del hogar como detergentes, limpiacristales o lejías.

Antes de que estos lleguen al supermercado habrá habido alguna cobaya, conejo, pez o ratón que haya muerto para garantizar la salubridad de los productos. La Coalición Europea para Terminar con los Experimentos en Animales dice que hasta 12 millones de animales se usan con distintos propósitos en laboratorios europeos cada año. Sí, 12 millones.

Y para la mayoría de estos tests, insisten las asociaciones animalistas, ya existen alternativas que no incluyen la experimentación, como el estudio del impacto de una sustancia en las células de la sangre, el uso de simuladores de pacientes o incluso el uso de realidad virtual. O sea, que sí, mucho trabajo aún por hacer.