Emprender Es Prácticamente Imposible Sin Este Secreto

Una buena idea, ganas de currar y un poco de suerte. Esos son los tres ingredientes que todo emprendedor debe combinar para que su negocio sea un exitazo brutal. Fácil, ¿no? Pues no, no lo es. Porque luego se te cae encima un aluvión de problemas que te pueden dejar completamente enterrado. Pero para eso hay un ingrediente secreto sin el que emprender es prácticamente imposible: el optimismo. Pero, ojo, el optimismo bien entendido. Porque tan malo es el optimismo irresponsable como el pesimismo irracional.

El optimismo nos enseña a ver lo que hay a nuestro alrededor y a juzgarlo de manera más constructiva. Convierte a los problemas en retos ilusionantes y da inercia a los proyectos, porque nos ayuda a encontrar nuevas oportunidades”, dice Juan Cruz, psicólogo clínico y defensor del optimismo como herramienta para construir y para crear con ilusión.

Pero esto no significa que debamos obviar los problemas que nos agobian. El miedo, la tensión, la tristeza son mecanismos de alerta. “Es totalmente normal experimentar esas sensaciones. Son una respuesta neural estrictamente de supervivencia. Si no existieran, los animales no sobrevivirían, porque no podrían salir airosos de las situaciones en las que la vida se ve realmente amenazada”, cuenta el neurocientífico José Luis Trejo.

Y claro, la tarea de emprender está ligada prácticamente desde el inicio a los problemas y los miedos. Son muchos los factores que nos agobian, pero tampoco hay que dejarse vencer. ¿Qué hacemos entonces? “Hay que pararse a pensar si de verdad tenemos un problema, analizarlo fríamente, racionalmente y, si es cierto que lo tenemos, estudiar la mejor manera de afrontarlo”, cuenta Juan Cruz.

Los problemas nos pueden venir por nuestro bloqueo mental o porque directamente nos los creamos nosotros. Emprendimiento es ilusión, son ganas, es emoción por echar a andar un proyecto. Pero todo eso puede venirse abajo si lo primero que hacemos es enredarnos con créditos, alquileres, letras y demás deudas. Si sólo pensamos en el dinero, perdemos nuestra capacidad de crear y estamos otra vez sumidos en lo oscuro.

Esto tampoco es culpa nuestra del todo. La sociedad nos ha enseñado a trabajar para acumular más, y más, y más. Sólo dinero. Y a sentirnos profundamente desdichados cuando no lo tenemos. ¿No será más saludable tener nuestras necesidades cubiertas, no preocuparnos tanto por acumular y disfrutar de verdad de lo que estamos haciendo?

A eso nos ayuda el optimismo bien entendido. Porque nos programa para luchar contra el pesimismo que nos abate y nos deja sin fuerzas, y tampoco nos mueve hacia la irresponsabilidad, a mirar hacia otro lado pensando en que todo se solucionará.

Así que este es el sistema: primero, preguntarse si de verdad tenemos un problema, haciendo caso a las alertas de nuestro cerebro. Racionalmente. Segundo, y una vez claro que el problema existe, afrontarlo. No dejarnos ganar por él. Pensar en qué herramientas tenemos para superarlo. Y es más, Juan Cruz apunta: “Si en todo este proceso seguimos sintiendo preocupación y estrés, no debemos sentirnos mal, porque es perfectamente comprensible. De hecho, es buena señal, porque significa que nuestro cerebro funciona”.

Así podremos disfrutar del emprendimiento sin que los problemas se nos coman por los pies. Que habrá muchos, seguro, pero todo tiene solución menos la muerte. Y a esos que no nos dejan sentirnos mal, una última cosa: dejadnos en paz.