9 hábitos diarios que las personas de éxito nunca olvidan

Hay un proverbio chino, enunciado por Confucio —y mira que este sabía mucho de proverbios— que dice así: “quien mueve montañas comenzó apartando piedrecitas”. Es una variante de aquello otro de que “todo camino empieza por un primer paso” o, incluso, de la típica noche épica que comienza con un “dos cervezas y me voy a casa”. Todo ello, en definitiva, ilustra una misma idea: que a lo grande se va a través de lo pequeño.

Esta noción es cosa sabida por las personas de éxito: los grandes líderes, los empresarios triunfadores y los jefes auténticamente buenos, esos que saben que para saber mandar primero hay que saber servirla aplican en forma de pequeños hábitos. La buena noticia es que, precisamente debido a su aparente sencillez, todos podemos aplicarlos y seguir las huellas de los grandes.

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La coach, consultora y autora de The leadership gap Lolly Daskal destaca en Inc.com  nueve de estas actitudes. Vamos a explorarlas una a una y, en colaboración con el equipo de la Escuela de Coaching EDPyN, propondremos un hábito o una costumbre para trabajar día a día cada una de ellas.

Antes de empezar, no obstante, conviene recordar que esto es una maratón, no un sprint: lo importante es el largo plazo, el mantenerse constante, así que lo mejor es no intentar hacerlo todo de golpe. En lugar de ello, siguiendo la misma máxima que apuntábamos al principio, lo mejor que puedes hacer es comenzar con uno o dos de estos hábitos y, una vez se hayan convertido en una especie de ‘segunda naturaleza’, pasar a más.

1.Tienes que empezar por alguna parte.

Parece obvio, pero uno de los obstáculos más primarios que se presentan a la hora de hacer algo —ya sea lanzar una start-up o buscar trabajo tirando currículums— es empezar. Las posibilidades pueden parecer infinitas y es relativamente normal quedarse atascado en la “parálisis por análisis”. Es decir, no hacer nada por estar demasiado tiempo pensando en qué hacer.

Para evitar este temor y esta parálisis, la solución es sencilla: comienza. Te pueden servir técnicas como la ‘regla de los dos minutos’, enunciada por David Allen. Es una forma de superar la procrastinación afrontándola de cara: haz una lista de tareas y, aquellas que te vayan a llevar menos de dos minutos, hazlas en el momento. Así podrás vencer la pereza o los nervios de comenzar a hacer algo empezando por lo más sencillo y lo más rápido, evitando de paso el efecto ‘bola de nieve’ que puede producirse por acumulación de pequeñas tareas insulsas.


2.El respeto no es una opción, sino una necesidad

La gente de éxito trata el respeto en dos direcciones: el que se les debe y el que muestran. Lo interesante es que no son dos campos separados. Así, se trata de mantener la actitud vital de vivir y tratar a los demás del mismo modo en que te gustaría que te tratasen a ti. De respetar incluso a quien no lo merece porque, como apunta Daskal, "la forma en la que tratas a los demás no es un reflejo de su personalidad sino de la tuya".

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Un elemento fundamental en nuestra relación con los demás es la comunicación, el lenguaje. Podría decirse que, de algún modo, estamos hechos de palabras, así que es importantísimo adoptar los principios de la comunicación no violenta. Establecidos por el psicólogo Marshall Rosenberg, se centran en tres aspectos: auto-empatía, empatía con el otro y expresión honesta.

Por tanto, los tres modos de aplicar la comunicación no violenta implican conectar con los sentimientos, pensamientos y juicios que suceden en el interior de uno mismo, y tratar de entender el corazón de los demás. Respecto a esto último, Rosenberg habla de “ser con el otro”, de ponerse en su lugar y, así, allanar la senda del respeto.


3. Ganas cuando todo el mundo gana

Es importante, en un entorno tan competitivo como la jungla laboral en la que nos movemos a diario, tener actitud ganadora. No obstante, esto no significa ser un tiburón o un lobo de Wall Street, sino que se resuelve como una paradoja: para ganar auténticamente, también has de hacer que la gente a tu alrededor sean ganadores.

Esta actitud es particularmente importante para ser un buen líder, y puede fomentarse aplicando los principios del liderazgo participativo. Las personas cada vez aspiran a un mayor equilibrio entre su vida personal y su vida laboral, buscan tener más iniciativa y trabajar en equipo.

El desarrollo de este liderazgo participativo, pues, tiene su foco en las personas. Requiere un aprendizaje donde el autoconocimiento, la toma de conciencia y la experimentación son aspectos fundamentales. Aprender a conversar, a dar y recibir feedback, resulta de gran utilidad para desarrollar las habilidades necesarias de este nuevo liderazgo.


4. Si tu presencia no aporta valor, tu ausencia no se notará

¿Qué es lo que en última instancia hace que alguien tenga éxito? No es su capacidad de amasar fortunas ni su sonrisa Colgate, sino algo tan viejo como el andar a pata: que aporte algo a las personas que estén a su alrededor y/o compren o contraten sus servicios. Para tener auténtico éxito, por tanto, no pongas el foco solo alrededor de ti mismo: proyéctalo hacia los demás.

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En este caso, un hábito interesante puede ser una simple pregunta: ¿qué puedo hacer, dentro de mis posibilidades, para mejorar la situación de la persona que tengo delante? Puede ser una especie de mantra, un recordatorio breve, concreto y diario para salir de uno mismo y pensar en el otro, en cómo aportar valor en cada momento concreto.


5. Céntrate en lo importante

Los estímulos están por todas partes. La lucecita de notificación del móvil te reclama, las ganas de salir a airearte te reclaman, el pesado de turno te pide ‘nosequé’ y te reclama. Vivimos rodeados de distracciones y de elementos que piden nuestra atención, pero no todos merecen nuestro tiempo, energía y dedicación: las personas exitosas saben distinguir entre aquello que suma y aquello que es simplemente una pérdida de tiempo.

Para saber diferenciar entre lo que realmente merece nuestra atención y lo que no, un buen hábito es aprender a distinguir los ladrones de tiempo. Estos son aquellos elementos que nos roban este recurso tan preciado, y pueden ser tanto externos (reuniones innecesarias, procesos burocráticos, espera a que alguien responda a una comunicación) como internos (incapacidad para delegar, falta de autodisciplina, fatiga). Después será el momento de establecer prioridades y marcarse unos objetivos realistas y alcanzables, así como planificar las actividades de forma adecuada.

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6. Tu confianza no depende del entorno, sino de tus capacidades

Toda la autoestima y confianza en tus habilidades vendrá del interior: de saber en qué eres bueno y, sobre todo, en qué eres excelente. Conocer tus límites y tus puntos fuertes es un must, y ya sabes: la mejor forma de conocer tus auténticas limitaciones es empujando hacia ellas, desfiándote y tratando de llegar más allá. Si no, como señala Daskal, "tendrás dirección, pero no destino".

Coge una hoja y un lápiz y prepárate para pensar hacia adentro. Una herramienta muy útil para redescubrir tus capacidades y puntos flacos es el famoso análisis DAFO. Este es una herramienta de estudio de la situación de una empresa o un proyecto, pero se puede aplicar a nivel individual. Consiste en una matriz cuadrada en forma de cruz, con lo que se separan cuatro áreas: dos internas (debilidades y fortalezas) y dos externas (amenazas y oportunidades).


7. Love what you do o busca otra cosa

Esta está muy trillada, pero no deja de ser cierto: ¿amas lo que haces? Si la respuesta es “Mneh” o directamente “No”, tal vez es hora de buscar otra cosa: al fin y al cabo, el trabajo es una parte esencial de la vida, y tal vez la actividad que más horas activas consume. Love what you do, do what you love.

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 En caso de que la respuesta a la pregunta planteada sea negativa, puede ocurrir que caigamos en pensamientos negativos. Diálogos internos que provocan dudas y temores y que pueden generar mucha ansiedad. Estos pensamientos pueden convertirse en un “saboteador interno” y adoptan la forma de mensajes como “esto es mi culpa”, “todos creen que soy un inútil” o “todo lo que hago me sale mal”.

Para superarlos, lo primero es identificarlos y reconocerlos. Suelen presentar tres características: son mensajes específicos, son mensajes creíbles que se viven por la persona como una verdad y son mensajes irreflexivos. Una vez reconocidos, conviene tomar conciencia de que se trata de pensamientos-resorte, de los que no somos responsables de forma consciente: así lograremos recuperar la paz y repensar nuestro futuro sin intromisiones internas.


8. Aprende cuándo puedes forzar la máquina y cuando necesitas un descanso

Los expertos hablan de que vivimos en un entorno VUCA: volátil, incierto –uncertain-, complejo y ambiguo. Un entorno laboral y vital que nos hace vivir rápido y –si no vamos con cuidado- nos drena la energía. Por otro lado, también es cierto que un exceso de relajación puede ser contraproductivo, llevándonos a la apatía o la inacción. La clave está en saber equilibrar acción y reflexión, pasión y descanso.

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Para encontrar el flow, es importante pensar a largo plazo, y para ello conviene recordar un principio que enunció Stephen Covey, la ‘ley de la cosecha’. Esta adapta la filosofía del campo a nuestra vida diaria. Así como en una granja hay que ordeñar a las vacas todos los días y cuidar de las gallinas para que pongan huevos, también en lo personal y profesional podemos adoptar esta filosofía de perseverancia.

Dicho de otro modo, muchos de nuestros comportamientos ineficaces se enraízan en pensar a corto plazo y con urgencia: dejar las cosas para el último momento o no pensar más allá de mañana. En una granja o en un campo, esto no vale. La ‘ley de la cosecha’ implica que hay que trabajar a diario con un objetivo en mente para poder alcanzarlo. Y, como en el cuidado de la tierra, conviene alternar periodos de trabajo intenso con momentos de descanso y reposo.


9. Para aprender lo mejor, aprende de los mejores

Fíjate en una cosa: todo aquél con quien te cruzas sabe algo que tú desconoces. Tal vez incluso sea un experto en un campo en el que no tengas ni idea. El aprendizaje, como tantas cosas, es un tesoro intangible, pero un tesoro al fin y al cabo: aprovecha cada oportunidad para conectar con los maestros y expertos que te rodean a diario para aprender lo mejor de los mejores.

El último hábito que trataremos surge del trabajo del psicólogo Carl Rogers: la escucha activa. Este término implica entrar en cada conversación con la predisposición a escuchar de verdad y a concentrarse en lo que la otra persona está diciendo. Consiste en la actitud de disponibilidad e interés, y no comprende solo lo que la otra persona está expresando explícitamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.