Las 5 razones que explican por qué duele tanto el rechazo

No importa lo sólida que sea tu autoestima o tu capacidad para encajar los golpes: ser rechazado provoca siempre un doloroso impacto en lo más profundo del ego. Y nadie puede culparte, ya que, según explica el psicólogo Guy Winch en su libro Emotional First Aid, sentirse rechazado es una emoción tan poderosa que nuestro cuerpo la registra como si fuese dolor físico, especialmente cuando el rechazo es sentimental. Presión sofocante, dificultad para respirar o el dolor de una cuchillada en la espalda son algunas de las sensaciones que llegamos a experimentar. Incluso el riesgo cardíaco alcanza niveles “21 veces más alto de lo normal”, según un estudio publicado en la revista Circulation. ¿Pero por qué ocurre todo esto?

Las hormonas del estrés se disparan

En tiempos prehistóricos, ser rechazados del grupo implicaba enfrentarse en soledad a todos los peligros del mundo. Por eso, cada vez que nos sentimos rechazados nuestros organismo activa el sistema simpático, también conocido como el ‘modo lucha o huída’, para aumentar instintivamente nuestras posibilidades de supervivencia. Esto provoca que la producción de cortisol y adrenalina, dos hormonas relacionadas con el estrés, se disparen, lo que según el psicoterapeuta Mike Down “puede hacer que los latidos de tu corazón se aceleren y provoque problemas para dormir”.

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Adiós autoestima

Cuando mantienes una relación de pareja durante mucho tiempo depositas inconscientemente buena parte de tu autoestima en manos de la otra persona. Por eso, la sensación de autovalía cae por los suelos cuando decide irse y rompe nuestra narrativa personal, esa que según la científica del comportamiento Clarissa Silva da forma a nuestras autopercepciones, autoimagen y confianza. Pero como nos recuerda la experta en relaciones Susan Winter, “el hecho de que ya no te amen no significa que no seas digno de amor”.

Comienza las comparaciones sociales

Una vez has sido abandonado y el sentimiento de rechazo está instalado en cada molécula de tu cuerpo, las comparaciones con las vidas de los demás se vuelven inevitables. Todos tus amigos parecen amorosamente felices y tu corazón se quiebra aún más por ello. Sin embargo, debes tener en cuenta que la gente solo proyecta los aspectos positivos de su vida, una que tampoco es siempre sencilla o perfecta. Lo explica mejor la propia Silva: “Compararse con los momentos destacados de otras personas puede crear una realidad falsa”.

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Las emociones anulan la lógica

El amor es una droga tremendamente adictiva debido a la generación de serotonina, dopamina y oxitocina que provoca en nuestro organismo. Por eso, cuando somos rechazados comienza un durísimo proceso de abstinencia que nos envuelve en mil emociones diferentes y nos impide razonar con sentido. No obstante, el rechazo no es un reflejo de quién eres como persona, sino que habla más bien de tu compatibilidad con esa otra persona. Como recuerda la asesora de citas Lori Salkin, “nadie es perfecto y en última instancia necesitas encontrar alguien perfecto para ti”.

Te sientes traicionado

Después de pasar tantísimo tiempo conviviendo y viviendo experiencias con otra persona os convertís en una especie de equipo que comparte sus vulnerabilidades. En ocasiones, incluso podéis llegar a tener la sensación de estar batallando vosotros dos contra el resto del mundo. Y claro, cuando te rechazan para siempre, como explica Salkin, “te sientes traicionado porque compartiste tanto de tu corazón y tu alma con alguien que no lo apreció y solo aprovechó tu inversión mental y emocional en la relación". Hasta que lo olvidas y, poco a poco, te haces más fuerte para enfrentarte al siguiente rechazo.