Rubifén: la peligrosa ‘cocaína de los pobres’ que se vende en farmacias

“No te voy a decir cómo lo consigo, pero digamos que un amigo tiene fácil acceso a él por su profesión. El viaje es espectacular; de repente, te pega un subidón que hace que la noche sea mucho más divertida. Notas los efectos con tan solo una pastillita. Y sé que lo que hago es irresponsable, pero también creo que si no me paso, no tiene por qué sucederme nada”. No podemos desvelar la identidad de esta fuente. Solamente diremos que tiene 29 años, trabaja, ha estudiado una carrera y podría calificarse como una chica bastante cabal. Pero ella toma Rubifén, la llamada ‘coca de los pobres’, un fármaco que se prescribe con receta médica y que basa su composición en el metilfenidato, un psicoestimulante similar a las anfetaminas y que en España admiten consumir, a espaldas del médico, el 6,8% de las personas de entre 12 y 49 años, según un estudio elaborado por la revista británica BMC Psychiatry.

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“En España, este medicamento está autorizado y comercializado bajo muchos nombres: Concerta, Medicebran, Equasym… y, si atiendes a cualquier ficha técnica, se hace referencia al problema de su mal uso y abuso”, explican desde el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona. El nombre más popular, el que más suena, es el de Rubifén. Se utiliza para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, y también está indicado para pacientes con fatiga o depresión. Pero el uso que determinados jóvenes hacen de él dista mucho de ser el adecuado, exponiéndose a los peligros que hacen referencia los farmacéuticos barceloneses, haciéndose eco de esas fichas técnicas: “El abuso crónico del metilfenidato puede producir una tolerancia importante y dependencia psicológica, con distintos grados de conducta anormal”, repasan.

Y, ¿cuáles son esas ‘conductas anormales’? De nuevo, aparecen recogidas en las fichas: “Episodios claramente psicóticos, conducta de oposicionista-desafiante o trastorno de conducta y trastorno bipolar”, detallan. No en vano, ya en el año 2000 la Administración Americana para el Control de Estupefacientes concluyó que “el metilfenidato produce unos efectos prácticamente idénticos a los de la cocaína”. Igual que en el caso de esta droga, el tipo de consumidor se divide entre las personas que recurren a él para rendir más en el trabajo y los que lo utilizan de forma recreativa: "Cuando el uso es lúdico, suele machacarse y esnifarse y, cuando se utiliza en el entorno de las oficinas, se suele ingerir por vía oral", explican desde Energy Control, asociación dedicada a la reducción de riesgos en el consumo de drogas.

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Por su precio moderado y por su relativamente fácil acceso, este medicamento ha sido rebautizado como ‘la coca de los pobres’. Porque “una caja de pastillas Rubifén o Medicebran en forma de comprimidos cuesta 5,71 euros”, constatan los expertos del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona. Fernando Botana, psicoterapeuta y director del centro de tratamiento de adicciones SINADIC, advierte también sobre el clasismo que envuelve al consumo de ambas sustancias, la cocaína y compuestos como el Rubifén: "Habitualmente, la primera se asocia a los estratos altos de la sociedad, a los directivos, a los famosos, mientras que otras drogas se entienden como sustitutos más 'de barrio'. Y de ahí el término 'cocaína de los pobres', apoyado también por su bajo coste".

Aunque no existen datos nacionales que analicen la evolución, algunos gobiernos autonómicos han detectado esta tendencia alcista en el consumo de psicoestimulantes y se han propuesto constatar la tendencia mediante estudios oficiales. La Región de Murcia, por ejemplo, determinó que la cifra de consumo de medicamentos basados en el metilfenidato se ha multiplicado en un 256% desde 2006 hasta 2014. Los expertos afirmaron, además, que "en España, la única indicación autorizada del metilfenidato es el TDAH, cuyo diagnóstico ha crecido notablemente en las dos últimas décadas, si bien el incremento no muestra una clara correlación con el de la prevalencia". 

Factores como la crisis o el hecho de que cada día sean más habituales las noticias que se hacen eco de condenas impuestas a médicos por facilitar recetas de forma fraudulenta o a particulares que logran hacerse con estas prescripciones siguiendo caminos ilegales refuerzan también la idea de que las cifras describen una curva cada vez más ascendente. “Lo que todos ellos parecen desconocer son los peligros a los que se exponen consumiendo un medicamento que no les ha sido prescrito”, comenta la médico María Nieves Marco, y añade: “Los niveles de dopamina aumentan de forma rápida y sobredimensionada, trastornando las funciones normales del cerebro”. Y todavía quedan más efectos, como “el aumento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, paranoias, insomnio y pérdida del apetito”, completa la doctora.

Si bien en España su uso no está tan extendido como en Reino Unido o en Alemania, algunos estudios, como el de la revista BMC Psychiatry, comienzan a poner el foco sobre las cifras. Cifras que nuestra fuente anónima contribuye a engrosar. Ella no las esnifa y prefiere ingerirlas por vía oral, afirmando que su consumo “elimina el sueño y te dispone para pasar una noche auténticamente loca”. En Estados Unidos, el panorama es diferente: según la fundación Por Un Mundo Sin Drogas, casi siete millones de norteamericanos admitieron consumir la variante Ritalín en 2006, lo que supuso un incremento de la estadística de un 80% en tan solo seis años.

Quizás nadie te ofrezca nunca una de estas pastillas. Tal vez jamás vuelvas a hablar del Rubifén. Pero lo mismo el próximo fin de semana, cuando quedes con tus amigos, alguien saque un blíster y te ofrezca una, prometiéndote que pasarás una gran noche. O tu compañero te hable de ella frente a la máquina del café. Porque no hace falta frecuentar determinados ambientes o buscarlo con demasiado ahínco; el lunes por la mañana, nuestra fuente anónima se sienta como si nada en su silla de la oficina. Ahora, al menos, estás avisado.