Los peligros que corres si te tomas los ibuprofenos como si fueran caramelos

Podría decirse que vivimos en la era del Ibuprofeno. ¿Y por qué no? Es muy cómodo; rápido sin complicaciones. ¿Que te duele todo después de pisar el gimnasio 1 vez en 6 meses? Pastillazo. ¿Que tienes un resacón atómico por la fiesta épica de anoche? Pastillazo. ¿Que ya ha pasado un mes y tus ovarios vuelven a dar guerra? Exacto: pastillazo. Porque para eso está, y lo dice tu madre. Además, un amigo te ha dicho que es preferible tomártelo antes de que el dolor sea evidente, porque así te evitas el malestar. Y es un medicamento de venta libre: no hace falta receta, es barato y el farmacéutico no te va a poner caras raras ni te va a preguntar qué quieres tratarte cuando se lo pides. Pero, ¿es realmente efectivo? Y, sobre todo, ¿es seguro?

Aunque la mayoría no dudamos ni un segundo en abrir la caja, muchas voces autorizadas alertan de los peligros que entraña el consumo sostenido y abusivo de este fármaco aparentemente inocente. Problemas renales, cardiovasculares, estomacales, hepáticos… Porque todo en exceso y sin control es perjudicial y esta no iba a ser una excepción mágica.

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En torno a él se han acuñado incluso refranes: “noches de desenfreno, mañanas de Ibuprofeno”. Y es natural, porque se concibe como la panacea. La fiebre, las cefaleas, el dolor dental, el muscular, el menstrual… Aparentemente, no hay nada con lo que no pueda el Ibuprofeno, aunque la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC) alerta de que su uso exacerbado, además de demasiado habitual en España, entraña graves riesgos. Según la SEFAC, más de 8 millones de españoles consumen dosis diarias superiores a las recomendadas (1.200 miligramos al día), en gran medida, debido a que es mucho más habitual consumir pastillas de 600mg, cuando lo más indicado es optar por las de 400mg.

María Nieves Marco, médica y experta en gestión medioambiental, habla del carácter preventivo que muchas personas otorgan al medicamento: “Muchos pacientes se ponen el parche antes de la herida. ¿Para qué te lo tomas, si no tienes realmente ningún dolor? Antes de meter química al cuerpo debes preguntarte: ¿necesito de verdad aliviar alguna afección concreta?”, recomienda, y continúa: “Hace tiempo ocurría lo mismo con el Optalidón, un analgésico; la gente se los tomaba como si fueran caramelos. Luego pasamos a la aspirina, para desgracia de nuestro estómago, y ahora vivimos en la época dorada del Ibuprofeno”, se lamenta.

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Y las consecuencias, aunque no se manifiesten de forma inmediata, pueden ser muy graves a medio y largo plazo. Cuando la ingesta es abusiva y rebasa esas dosis de 1200mg diarios durante un tiempo prolongado, se multiplican los riesgos de padecer problemas de estómago, úlceras y hemorragias digestivas, daños hepáticos (sobre todo derivados de mezclar el consumo del fármaco con alcohol), afecciones circulatorias consecuencia de la mayor fluidez de la sangre, dolores de cabeza por la irritación de sistema nervioso o, incluso, la posibilidad de sufrir infartos.

Por otro lado, también puede traer consecuencias renales: un estudio publicado en New England Journal of Medicine analizó la respuesta de 24.000 pacientes al consumo sostenido de diferentes medicamentos, y detectaron que aquellos que se habían apoyado en el Ibuprofeno presentaban un mayor riesgo de padecer afecciones de riñón.

Porque, como dice la médica María Nieves Marco, vivimos en la cultura del ‘por si acaso’. Y en la misma línea se manifiesta Carlos Millán, médico de familia en entornos rurales, donde la automedicación está, si cabe, aún más a la orden del día: “Algunos pacientes que acuden a mi consulta defienden que el Ibuprofeno les salva en muchas ocasiones. “Por si acaso, me voy a tomar esto para que no me duela”, “el médico me recetó esto hace años, pero yo me lo sigo tomando por si acaso”. Todas estas costumbres no hacen sino castigar a nuestro cuerpo de forma, además, innecesaria”, afirma.

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Porque existen muchas alternativas a la química, sobre todo indicadas para afecciones leves. “Por ejemplo, los dolores óseos o de cabeza, siempre que no sean migrañas, se tratan mejor con otros medicamentos como el Paracetamol, que también es analgésico y antiinflamatorio pero tiene menos efectos secundarios”, asegura Millán, y completa: “Lo fundamental siempre es consultar al médico y nunca, nunca, automedicarse ni consumir ningún fármaco como si se tratase de una gominola. Existen muchas posibilidades y diferentes tratamientos, y sólo el facultativo podrá determinar cuál es el más adecuado en cada caso porque, además, no hay dos enfermos iguales”.

Entonces, ¿cómo tomar Ibuprofeno de forma responsable? El Instituto Nacional de Salud Británico establece como no aconsejable su consumo durante más de 10 días al mes y, relacionando este límite con otras conclusiones, se establece como más adecuado optar por dosis de 400 miligramos, y no de 600. Pero todavía queda un último consejo, el ofrecido por María Nieves Marco: “siempre debe primar, además de la opinión del médico, el sentido común y la responsabilidad”. Por eso, la próxima vez que surja eso de “parece que me quiere doler”, piensa dos veces si es realmente necesario un chute químico o si, tal vez, esa pequeña molestia se te vaya a pasar si te tumbas cinco o diez minutos en la cama, tranquilo, a oscuras y en silencio, tal vez con un paño frío en la frente o con una bolsa de agua caliente en el abdomen. Tu cuerpo, a la larga, te lo agradecerá.