Pero Entonces, ¿Podemos Llegar A Desarrollar Un Cáncer Por Comer 'De Tupper' Cada Día?

Allá por 1944, un químico estadounidense llamado Earl Silas Tupper pensó que sería bueno fabricar un tarro de plástico que se cerrase herméticamente. Y, lo creas o no, este recipiente ligero y barato para transportar los alimentos fue todo un ingenio. Desde entonces, y mucho más en los últimos años, vivimos en la ‘Era del Tupper’; Ya no sabríamos vivir sin ellos, todos los hemos utilizado en alguna ocasión o diariamente, para llevar de aquí para allá nuestras acelgas y nuestros filetes. Pero, ¿son seguros?, ¿cómo elegir el más adecuado?, ¿cómo hay calentar la comida?, ¿cómo hay que congelarlos?, ¿qué hay de cierto en esa leyenda que asegura que podemos llegar a desarrollar un cáncer si recurrimos a él diariamente? ¿Su plástico contamina la comida? Una doctora y un bioquímico nos ayudan a utilizar de la mejor manera este invento tan cotidiano.

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Primer mito desterrado: no vamos a morir. “Como en muchos otros asuntos, la sociedad tiende a exagerar. No tengo constancia de ningún estudio serio que haya demostrado una causa-efecto y que haya establecido unas consecuencias graves y perjudiciales para la salud”, asegura José Luis Jiménez, químico y bioquímico. Y añade: “Sucede lo mismo que con la gasolina: ¿inhalar puede producir problemas? Sí, pero, ¿cuánto tiempo hay que estar expuesto?, ¿a qué tipo de gasolina?, ¿no influye ningún otro agente, como la calidad del aire que respiramos? Yo trabajo en la industria química, estoy en contacto diario con materiales derivados del petróleo y, por ahora, sólo tengo una cabeza, dos manos, dos pies, dos orejas… Nada se ha multiplicado”, bromea.

Los tuppers están fabricados, normalmente, con polipropileno o con polietileno. Eso es lo que significan las siglas PP o PET impresionadas en la base de todos los recipientes. A su lado, otros símbolos indican si son o no aptos para transportar comida (con el dibujo de un tenedor) y si se pueden meter al microondas (la marca de una resistencia). “Este tipo de plásticos aguantan muy bien el calor. Otros, también derivados del petróleo, son más blandos y no soportan temperaturas extremas”, afirma Jiménez. “Todos estos recipientes están sujetos a exámenes y patrones de calidad que establecen sus usos. Todo está regulado y controlado para evitar problemas”, comenta.

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No obstante, tanto el químico Jiménez como María Nieves Marco, médica y experta en gestión medioambiental, coinciden en que, para evitar susceptibilidades, la mejor opción es la del cristal. Marco asegura que “sólo los recipientes de vidrio ofrecen la garantía de que no se van a degradar ni van a liberar partículas a aquello que contengan. Soportan bien la temperatura del congelador y del microondas y jamás se deforman ni alteran sus condiciones”.

Aún así, ella tampoco aprecia ningún peligro a comer ‘de tuper’. Sí recomienda, si se quiere ganar en tranquilidad, calentar la comida sacándola a un plato, pero certifica que metiendo el recipiente de plástico en el microondas a una temperatura superior a la habitual (utilizando el regulador del propio electrodoméstico) se evita la proliferación de cualquier bacteria.

La médica nos da más consejos: si queremos guardar un alimento dentro de un tupper en la nevera, convendrá no hacerlo durante más de 48 horas. No es un problema tanto del recipiente como de la propia comida, que no aguanta mucho más de esos dos días en condiciones óptimas. Y sí: al calentarlo, es necesario quitarle la tapa o abrir ese pequeño tapón que tienen algunos, porque, si no, se retiene vapor dentro y la comida se reblandece. Pero seguirá sin pasarnos nada malo si no lo hacemos. Y, como siempre, sentido común: si el tupper está hecho polvo, agrietado y amarillento, es momento de cambiarlo.

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En definitiva: tranquilidad. Guardar los alimentos en este tipo de recipiente no equivale a comida de baja calidad ni perjudicial para la salud. Tan sólo vistiendo un taparrabos y yéndonos a plantar patatas y a criar cerdos al campo podremos huir de cualquier agente perjudicial (y aun así...) “Hace años, las personas morían de infecciones por falta de higiene, de peste o de tuberculosis. Tendrán que pasar muchas décadas para constatar si algo de lo que hacemos es verdaderamente temerario, aunque sin duda no será comer en un tupper lo que acabe con nuestras vidas”, comenta la doctora Marco, lanzando un mensaje tranquilizador. Los plásticos, las ondas de los teléfonos móviles, la contaminación… Cada época tiene unas amenazas y estas son las nuestras. Pero algo está claro: de comer 'de tupper' no vamos a morir.