Bailar para superar rupturas: Las escuelas de salsa que curan corazones rotos

Se ha acabado, para siempre. Las rupturas son de las situaciones más difíciles de superar. Todos las sufrimos, pero también todos creemos que nuestra historia es la más dolorosa de todas. Para dejar de echar de menos a quien hasta hace unos días era la persona más importante del mundo cada uno tiene sus propios métodos. Llorar hasta quedarnos sin lágrimas, hartarnos a comer o emborracharnos, son algunas de las cosas que nos apetecería hacer en esos momentos, pero los expertos recomiendan otras más constructivas como, por ejemplo, aprender a bailar. "Añadir una actividad como el baile a nuestra vida cuando sufrimos una ruptura, nos obliga a implicar el cuerpo y la mente en ello y, en concreto, ayuda mucho al proceso de duelo amoroso", nos cuenta por teléfono la terapeuta de pareja Elena Crespi. Así que decidimos acercarnos a una escuela para ver si es cierto que estos centros se nutren, en parte, de corazones rotos buscando un nuevo comienzo.

El profesor Álvaro González en una clase de iniciación.

Nos hablan de un lugar en Barcelona de lo que llaman 'ritmos latinos', salsa y bachata, de día escuela, de noche discoteca: Mojito. Y aunque puede que salir sea lo que menos apetece hacer en un momento que suele dejar a uno en estado de shock y casi de invalidez física y mental, en seguida descubrimos que hay muchas personas refugiándose en el ritmo para pasar página. "Viene mucha gente después de una separación, principalmente porque se buscan nuevas actividades para hacer que no tengan nada que ver con lo que se hacía con la ahora ex-pareja", me cuenta Álvaro Gonzalez. Este profesor de salsa uruguayo nos recibe en la oficina del Mojito y nos describe cómo encuentra uno, desde la tristeza, a la salsa como un elixir casi mágico.

"Una de las preguntas que nos hacen muy a menudo es si hace falta venir en pareja a aprender a bailar. Suele ser porque no la tienen y, cuando les conoces un poco más, muchos te cuentan que acaban de romper", dice Álvaro. Nos invita a una de sus clases: iniciación a la salsa nivel 1. Es una sala pequeña y la mayoría de los alumnos, unos veinte en total, son mujeres. De hecho, contando a Álvaro, solo hay tres chicos en la clase, pero nos dicen que de normal están más igualados, que justo hoy han fallado muchos alumnos.

Los alumnos de una clase de salsa cubana en las instalaciones de Mojito.

La clase es muy fluida, apenas hay interrupciones, se rotan para bailar y, cada vez que se equivocan, se ríen, se miran entre ellos y se lanzan sonrisas de complicidad. "Aquí vienen sobre todo a divertirse. Si la persona está recién separada eso le viene genial, porque normalmente están tristes al entrar. Esta es como su hora de terapia, pero más barata", nos había dicho Álvaro. Y vemos que tenía razón.

Paseamos por la escuela y decidimos bajar a la pista de la discoteca. Son las nueve de la noche y, allí, se está dando otra clase de salsa, iniciación nivel 4. Esta vez la cosa está nivelada. No hay nadie descolgado, todo son parejas de distintas edades. Nos preguntamos si también hay personas que vienen a ligar a este tipo de clases. "No es que se busque el ligue, pero hay gente tímida que jamás se atrevería a hablar con alguien en una discoteca. La salsa te permite acercarte y conocer a gente del sexo opuesto. Aquí se rompe esa barrera de la vergüenza", nos dice Pedro, que lleva ya muchos años viniendo a bailar. Nos cuenta que, más allá de las clases, se crean grupos de amigos que terminan quedando para cenar y para otros muchos planes. "El baile crea esa energía y esa conexión con la gente, de amistad", nos cuenta antes de volverse corriendo a la clase que ya ha empezado después del descanso.

Los alumnos aprenden rueda cubana en la pista de baile de la discoteca.

Los profesores de este nivel son una pareja profesional y sentimental, Gemma Bosch y David Navarro, que llevan muchos años enseñando salsa, de hecho, tantos como tiene el Mojito (antes llamado Buenavista). "Llevamos en la escuela desde el año 2001 y hemos conocido a tantísima gente", nos dice Gemma. Le preguntamos si conoce este fenómeno de gente que llega para salir de un trauma amoroso y descubrimos que, el baile no solo cura, sino que a menudo crea nuevos romances. "He visto a varias parejas con este tipo de historias. Muchas personas que venían de rupturas sentimentales, se han conocido y se han enamorado. Recuerdo, en concreto, a una que sigue bailando y que, además, se han casado y tienen niños", cuenta la profesora.

Vengan, o no, de rupturas, hay muchas amistades y parejas que se forman en la pista de baile. Lucía Sanz se acaba de casar y conoció a Pablo hace 10 años aprendiendo salsa. "Es muy fácil conocer a gente en el mundo del baile porque hay mucha gente que va sola. Además, cuando tienes un mal día y estás fatal, pones un pie ahí y desconectas y te olvidas de todo", dice Lucía.

Todas las personas con las que hablamos, solteras, con pareja, desde rupturas amorosas o que han venido simplemente a conocer gente y divertirse bailando, coinciden: la salsa tiene un componente social que une muchísimo más que otros estilos o hobbies. "Los bailes latinos son siempre alegres y eso levanta mucho el ánimo, sobre todo para los que están en una época en la que se tiende a escuchar baladas dramáticas", me aclara Gemma.

Es cierto que, seguramente, uno no escogería apuntarse a clases de tango o jotas para sentirse más animado. Pero sí existen otros bailes igual de dinámicos que la salsa. Georgina Valls también es de Barcelona, pero ella escogió lanzarse hace ya dos años a aprender dancehall, un género tradicional de música popular jamaicana, cuando su relación de dos años empezaba a hacer aguas. "Estábamos en ese punto que todo parece indicar que la cosa se acabará pronto, así que necesitaba distraerme lejos de mi relación. Bailar supuso una vía de escape", nos confiesa por teléfono. Enfrentarse a un estilo tan particular y todavía tan poco extendido (la mayoría de las alumnas son chicas) era todo un reto físico, pero un alivio para su cabeza: "Me hacía salir del bucle de pensamientos negativos y de preocupación que llevaba encima, me cargaba de energía positiva".

Cuando faltan chicos, se buscan soluciones rápidamente.

Nos vamos del Mojito habiendo descubierto que, al final, para superar una ruptura lo que se necesita es entender que no hay más anestesia para ese dolor que dejar pasar el tiempo y llenarlo con distracciones sanas. "No es que el baile sea un antídoto definitivo contra la pena, pero sí es un complemento que ayuda mucho a pasar página", reflexiona Georgina. Ya sea para hacer nuevas amistades, distraerse, aprender o disfrutar de la música, bailar puede ser lo que necesitas para levantarte cuando te has tropezado.

Crédito de las imágenes: Noelia R. Ruano