Puede que ya lo tengas todo para ser feliz, y solo te falte una cosa para sentirlo

Que ya estés hasta arriba de frasecitas de motivación y felicidad en redes sociales y no nos extraña: somos humanos, y si nos dan siempre el mismo pienso, no nos lo tragamos. Puede que una parte de ti sepa que aplicarse el cuento de que "la felicidad está en tu interior" cuesta más que predicarlo. Pero frena: las ideas que te repites cotidianamente tienen más poder del que piensas, y a veces lo único que te falta para ser feliz es precisamente permitírtelo.

Creer que es posible

¿Por qué solo nos damos cuenta de lo bien que estábamos cuando dejamos de estarlo? Le exigimos al concepto de felicidad una continuidad e intensidad poco realistas. Nos han bombardeado con una idea distorsionada del carpe diem, pero más importante que los momentazos de euforia es tener pequeñas (o grandes) ilusiones, o el hecho de podernos ir a la cama sintiéndonos tranquilos. Nadie se pasa el día entero dejándolo todo para irse a hacer puenting o encontrándose a si mismo en Filipinas: si tienes momentos de "insatisfacción" o de "quiero más" no significa que tu vida sea deficiente: son impulsos para seguir buscando motivaciones. Pero también pueden ser ventanas de oportunidad para desconectar y hacer una cosa casi imposible hoy en día: nada. La felicidad es discontinua y se presenta de mil formas y colores, está en tu mano creérte que estar bien aquí y ahora no es una utopía.

Entender que te lo mereces

Después de una mala racha, puede que pensemos que todo va demasiado bien para ser real, y empecemos a imaginar qué falta por arreglar en nuestra imperfecta vida. ¿Quién coño ha puesto ahí a una especie de Pepito Grillo buscándole goteras a nuestra mente? Cuando estamos a gusto a veces empezamos a sentir miedo de que termine esa sensación. Tenemos vértigo en la cima de nuestro estado de ánimo. Pues no, joder, regalémonos este momento, aunque no tenga sentido. 

Somos pura química, y desde luego no somos un reloj suizo. La mayoría de veces en las que nos llega una ola de buen rollo no sabemos explicar por qué, así como muchos bajones vienen sin motivo aparente. Es absurdo estar pensando que tarde o temprano algo o alguien vendrá a jodernos el chiringuito. La insatisfacción es solo un torbellino mental fruto de ser animales con ropa (no nos meteremos en evolución sociológica), pero tienes todas las herramientas para aplastar su efecto negativo y quedarte con lo bueno de ser una persona inquieta.

Tu chiringuito de la felicidad solo te lo van a joder si te dejas, porque los "problemas" que puedan llegar son una nueva etapa, y punto. Pequeños obstáculos los hay en todas partes, y hay que reconocer que (cuando no son verdaderas tragedias) los deseamos: nos dan vida. Sin problemas no existiría ni media trama de películas o novelas, no habría pantallas en los videojuegos, ni gincanas, ni rompecabezas. Estamos hechos para ocuparnos de las cosas, pero no necesariamente para preocuparnos por ellas. No te jodas a ti mismo el presente pensando en qué te toca afrontar luego o en qué puede ir mal.

"Si con lo que tienes no eres feliz, con lo que te falta, tampoco"

No es lo mismo ser consciente de lo que tienes que ser conformista. Es buenísimo tener proyectos, aunque sea aprender a hacer mandalas, pero si eres de los que dice constantemente "yo solo seré feliz el día en que tenga X" te estás creando un oasis, te has patillado una hipótesis. Métete en la cabeza que al alcanzar un objetivo te surgirá una nueva necesidad o deseo, así que no dejes que el ansia por llegar te joda el trayecto. 

De Eduardo Galeano. #sentirnosvivos

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Quizás no te haga falta un marco de florecitas para crear tus propios lemas internos. Pero las ideas motivacionales sí pueden ayudarte. Ahí van algunas de las que no hay tanto meme: "En un par de días me voy a reír contándoles a mis colegas este marrón", "respiro hondo, me tiro un pedo y después, cuando me importe ligeramente menos todo, intentaré mejorar mi situación" o "seguro que a Paolo Coelho también le han cerrado el metro alguna vez y cuando ha llegado a casa no tenía las llaves". Invéntate tú la que más te convenza para repetírtela cuando te quieras sentir mejor. Y sobre todo, creételo: no hay nadie como tú para hacerte sonreír.