No te falta motivación, te sobran 'discursitos'

Hace ya algunos días un señor, de estos que todavía escriben en la Olivetti y usan el Outlook para comunicarse, publicó en un diario muy seriote de Madrid que los mileniales éramos poca menos que un dedo pegado a un teléfono móvil. Sin ideas, sin valores y sin objetivos, decía, más allá de los filtros de Instagram o los emojis de WhatsApp.

La reacción no se hizo esperar y el texto de Antonio Navalón —así se llamaba ese portento— se convirtió en trending topic y objetivo de miles y miles de haters, trols y demás. Pero lo realmente jodido es que su artículo incendiario arrojó gasolina sobre ese discurso que pretende vendernos como personas vagas, irresponsables, apolíticas, materialistas e incapaces de esforzarnos por nada y por nadie.

Para desmontar o confirmar semejante ofrenda y, sobre todo, para arrancarnos esa molesta etiquetita que se nos coloca en los medios de comunicación más rancios a los jóvenes, hemos hablado con la psicóloga, coach y gestora motivacional, Rosa Sabaté. A ver si con alguien que sí se relaciona con los mileniales —dicho así parece como si fuéramos un ente abstracto— nos cargamos los topicazos.

No se puede categorizar a los mileniales como personas irresponsables o sin valores, porque siempre dependerá de lo que hayan mamado de pequeños en sus casas y, por tanto, de lo que sus padres a su vez hayan aprendido de pequeños”, asegura Rosa como primer punto a tener en cuenta: cada uno es producto de lo que ha aprendido en casa y no se pueden lanzar estas generalidades y quedarse tan pancho.

En este sentido, la psicóloga explica que “los padres muy estrictos, autoritarios e inflexibles con sus hijos crean una presión que se suele traducir en jóvenes hiperresponsables” que, una vez alcancen la madurez y sean padres, “podrían ser mucho más flexibles, permisivos y dialogantes con sus hijos haciendo que estos no sean capaces de asumir tantas responsabilidades”.

Al parecer, todas las personas, independientemente de si pertenecen a la generación de la tele cuadrada o la de la pantalla 4K, acaban creando su propia personalidad contraponiéndola a la de sus padres, especialmente en la adolescencia. “Al final es un ciclo de vida: creces, eres fiel a los valores familiares y cuando llegas a la adolescencia decides replanteártelos para construir tu propia identidad, tu realidad”, subraya.

“Por eso cuando alguien dice que los jóvenes ‘no ven el mundo real’ deberíamos preguntarle qué es el mundo real. A lo mejor para un milenial su realidad son las redes sociales, es internet y para este señor, o para las personas entre 50 y 70 años, su realidad ha sido otra, a lo mejor trabajar desde los 9 años”, resume Rosa dándonos a entender que, en realidad, esta especie de dialéctica jóvenes/viejunos “es sistémica”.

“Lo que dice este señor perfectamente podría ser lo que decían sus abuelos de su generación”, añade la experta que recuerda que “esa melancolía de que tiempos pasados fueron mejores es un recurso arquetípico” y que, por todo lo que hemos visto anteriormente, “no se puede responsabilizar a la juventud de hoy del sistema que han creado las generaciones anteriores”.

Llegados a este punto, y sabiendo que ese juego de ‘lanzarse mierda entre generaciones’ es más viejo que hacer una llamada perdida para que te llamen, falta por ver si realmente la generación de las app sufre de falta crónica de motivación o se le está poniendo cara de pixel. “La gente piensa que cuando no existían las redes las relaciones sociales eran de mejor calidad. Pero existían las mismas mentiras, celos, infidelidades. Lo único que ha cambiado es la inminencia”, dice Rosa.

En su opinión, y de esto sabe un rato, da igual que seas un milenial o un monje tibetano: “Si una persona tiene claro el objetivo que quiere conseguir saca la motivación y la fuerza de donde sea. Muchas veces la falta de motivación viene directamente de que no sabe lo que se quiere”. Por eso, nos cuenta, que “igual que existen hombres de 40 que se niegan a abandonar la casa de los padres” también hay “mileniales hiperresponsables que montan sus startups”.

“De eso no se suele hablar, pero muchas empresas importantes se nutren de ellos porque saben que su afán de superación y competitividad les convierte en trabajadores ejemplares”, concluye Rosa dándonos una idea de por dónde podrían venir los tiros. ¿No será que alimentar ese discurso poniendo verdes a los mileniales y cargándoles de culpa viene muy bien a según qué sectores empresariales? Ahí lo dejamos.

En fin, sea como sea, lo que nos ha quedado más que claro hablando con la experta es que cada generación es un mundo y que, dentro de ella, cada uno de nosotros es único. Con nuestras paranoias y nuestros traumas, pero también nuestros objetivos y motivaciones. Puede que ejercer de ‘abuelo cebolleta’ sea una responsabilidad generacional, pero sabiendo esto lo mejor es que usemos esa etiqueta de jóvenes irresponsables y nos pasemos las críticas destructivas (no constructivas, eh) por el filtro de Instagram.