Comida, alcohol, drogas o sexo: esto es lo que se esconde detrás de tus adicciones

Cuando te paras y te escuchas, te das de bruces con un vacío existencial que intentas llenar a toda costa

Mirar en el interior de uno mismo y escucharse puede llegar a dar mucho miedo. Encontramos heridas que no entendemos muy bien cómo han llegado ahí y tampoco tenemos muy claro qué hacer con ellas. Así que las tapamos, las ignoramos, pensamos que si no las miramos, tarde o temprano, acabarán por desaparecer. Pero, lo que ocurre en realidad, es que al no mirarlas de frente y ni dedicarles tiempo y atención para sanarlas, nos acaban metiendo una y otra vez en el mismo tipo de situaciones dolorosas, lo que a su vez las hace más grandes y cada vez más difíciles de esconder.

Tenemos muchas maneras de no escucharnos, desde comernos una bolsa de patatas fritas, poner una peli detrás de otra, pasarnos las horas mirando el móvil e, incluso, formas mucho más autodestructivas como el sexo sin control, el alcohol u otras drogas. La cuestión es evadirse. Si hay una voz en tu interior diciendo que algo le duele o no le gusta, la solución es crear más ruido para no seguir escuchando esa verdad.

No sabemos quienes somos

A lo largo de la vida vamos teniendo experiencias y sacando conclusiones sobre cómo somos, lo que nos gusta, lo que queremos ser o conseguir en la vida. Pero demasiadas veces estas conclusiones son superficiales y tienen poco que ver con nuestra esencia. Sino más bien, lo que esperaban nuestros padres, abuelos, la sociedad en la que vivimos, etc.

Cuando no te escuchas a ti mismo de verdad, sientes un vacío en tu interior y nada parece llenarlo. Por eso buscas huir de esa sensación escondiéndola con ruido mental, con sustancias o conductas. La adicción es algo que haces o que tomas, que aumenta los niveles de dopamina en tu cerebro, es decir, con lo que disfrutas. Esto calmará momentáneamente tu angustia y te dará una sensación de bienestar pero te alejará de escuchar qué es lo que tiene que decirte esa sensación. Qué es lo que necesita de ti tu cuerpo o tu mente para curar esa herida. Cuando vuelvas a conectar con el vacío o la incomodidad, volverás a necesitar eso externo a ti para que te calme y llegarás a depender de ello.

La pareja es el foco

Lo que más nos pone en contacto con nuestras heridas y bloqueos son las relaciones y, a mayor intimidad, mayor intensidad. Las relaciones de pareja son un camino de autoconocimiento que nos exige trabajarnos para poder seguir caminando, pero cuando la cosa se complica, preferimos elegir otros caminos esperando no volver a encontrarnos con aquello que nos duele. No nos damos cuenta de que está dentro de nosotros mismos y que es imposible escapar, nos lo volveremos a encontrar en algún otro momento.

Por eso para que se curen, necesitamos prestarles atención, ser conscientes de ellas y, sobre todo, escucharnos de forma comprensiva y amorosa. Como si lo que dijéramos tuviera importancia, fuera valioso. Vivimos con la sensación de que deberíamos ser “perfectos”, creando un ideal en nuestra cabeza de cómo deberíamos ser o reaccionar ante lo que nos pasa, que muchas veces nada tiene que ver con nosotros. Como es tan difícil llegar a ese ideal, pensamos que hay algo malo en nosotros, algo que no está bien, algo oscuro y por lo tanto no merecemos reconocernos y querernos, ni dejar que los demás lo hagan.

La perfección no existe

Consideramos que tener heridas, nos hace “imperfectos”, pero tenemos que aceptar y estar en paz con esa supuesta imperfección para poder dedicarnos el tiempo necesario para curarlas. Porque al final, no existe ni la perfección ni la imperfección, somos solo seres humanos que estamos intentando vivir de la mejor manera posible, acompañados por exigencias imposibles que nos alejan de nuestra esencia y nos bloquean para avanzar hacia una vida plena que nos haga felices.