Zahara: "Las comedias románticas acaban justo donde empieza lo difícil: la convivencia"

La cantautora nos habla de su libro 'Trabajo, Piso, Pareja' y de las frustraciones de nuestra generación

Zahara (Úbeda, 1983) lleva casi veinte años componiendo (sí, desde los 12) y haciendo vibrar a millones de personas con una voz que, tan pronto acaricia, como sacude. Ahora, además, está ganando seguidores literarios con el libro Trabajo, piso, pareja. En esta novela, la cantautora ha hilado las vidas de una pareja de treintañeros que, como muchos, pensaban comerse el mundo pero se acaban comiendo abundantes facturas, rutina y una buena dosis de realidad. Eso sí, sin que falte la poesía. Zahara, que ha sido madre hace seis meses, coge el teléfono felizmente cansada, y enseguida nos atrapa con sus palabras.

Código Nuevo: ¿Qué te impulsó a sentarte a escribir sobre este tema?

Zahara: Hace unos años analicé las relaciones que había tenido, y veía que todos los fracasos eran fruto de la imposibilidad de conciliar la relación con nuestras vidas profesionales. Me resultaba complejo explicar lo que eso me hacía sentir en las canciones. Sentía que tenía que sintetizar demasiado, así que me planté a escribir esta novela. No es autobiográfica en cuanto a la trama, pero sí en las emociones que describo y en las frustraciones de nuestra generación.

Desconocido

CN: ¿Qué nos caracteriza a los mileniales?

Z: Somos una generación que, por un lado vive con la presión de las expectativas de nuestros padres, y, por el otro, con la frustración diaria de no encontrar el trabajo que queremos, o de no estar nunca convencidos de que nuestras relación de pareja sea lo suficientemente buena. Pensamos constantemente que hay algo por ahí que quizás es mejor, "no estoy mal, pero quizás podría ganar más dinero, o conocer a otra persona"... Al final vivimos las cosas muy por encima y, como, frenéticamente.

CN: ¿Nos quejamos demasiado los jóvenes?  

Z: Bueno, yo creo que un poco sí. Somos la generación ofendida, tenemos voz y plataformas para expresarnos y se nos está yendo de las manos. Pero sí hay cosas que son para cabrearse, como por ejemplo recientemente, ¡lo del máster de Cifuentes! Vivimos en un país sin un mínimo de vergüenza ni decencia para dar la cara y ser consecuentes. Eso me saca de mis casillas.

CN: Volviendo a los que sí nos lo curramos... parece una utopía tener las tres cosas (trabajo, piso y pareja).

Z: Sí, ahora que lo tengo me doy cuenta (se ríe). Cuando me planteé escribir el libro pensé que yo nunca iba a encontrar la estabilidad. Ahora mi situación es distinta, estoy casada y tengo un hijo, pero lo veo a mi alrededor, con mis compañeros y amigos. No solo lo pone difícil la sociedad, sino que creo que inconscientemente intentamos "eludir" esa estabilidad, quizás porque ya la tuvieron nuestros padres y no creemos que nos corresponda.

CN: ¿Cómo imaginabas tú que sería tu vida?

Z: Es que nunca me proyectaba. Me sigue pasando cuando me preguntan dónde me veo dentro de 10 años: digo que no tengo ni idea. La decepción solo viene de las expectativas, así que yo puedo sorprenderme, pero no desilusionarme.

CN: Tu libro es como un epílogo del "Fin" de los cuentos de amor, ¿no?

Z: Las comedias románticas suelen dejar la trama cuando empieza lo difícil, que es la convivencia, aguantarse el uno al otro. Lo complicado no es relatar lo bonito, lo que a mí me interesaba era ahondar en lo otro, en los retos cotidianos de la pareja.

CN: Clarisa y Marco, los personajes de la novela, se conocen corriendo una carrera, y hace años tú abriste un blog de running. ¿Cuán importante es para ti correr?

Z: Uf, muchísimo. El running a mí me cambió la vida, antes no hacía nada de deporte y desde que empecé, la disciplina, la rutina y el esfuerzo me hicieron replantearme mi manera de trabajar, de comportarme y de organizarme. Además, eso me ha ayudado a aguantar más en los conciertos.

CN: Hablando de conciertos, te hemos visto en activo últimamente. ¿Qué tienes entre manos? 

Z: Hice un parón durante mi embarazo, pero ahora estoy haciendo una gira "intermedia", dando algunos conciertos pequeños o colaboraciones mientras preparo un nuevo disco que, si todo va bien, saldrá este año. Además estoy trabajando en un documental de música, y no descarto escribir de nuevo, pero eso sí, más adelante. Escribir es lo que más tiempo y concentración me pide.

CN: Perdona que caiga en el cliché, pero ¿qué tal estás compatibilizando la maternidad con la vida profesional?

Z: Pues ya lo ves, me ha costado cogerte el teléfono (ríe). Es complicado. Pero lo bueno es que ahora controlo más mis jornadas laborales. Antes estaba conectada las 24h, y ahora a partir de las siete de la tarde me dedico a mi hijo y a nada más.

CN: ¿Crees que las mujeres deberíamos tener más soporte institucional y social? 

Z: Por supuesto. Para empezar la baja por paternidad es de un mes, que es ridículo, porque des o no el pecho se necesita a dos personas en casa. Y más allá de esto, creo que el feminismo es un movimiento necesario y ya era hora de que se empezara a tomar en serio. Hemos tenido que soportar, y se siguen soportando, abusos muy bestias para que la sociedad entera ponga su atención en lo necesario que es el feminismo. Creo que estamos en el inicio de un cambio, pero todavía queda muchísimo.

CN: Antes de despedirnos, dime una pregunta que te moleste y otra que no te hacen lo suficiente. 

Z: Déjame pensar... Hay una que no es que me moleste, pero me parece absurda. Cuando a la salida de un concierto me preguntan si "este es mi disco más personal" (se ríe) les diría que es que todos mis discos son personales, ¡porque son míos! En cambio echo en falta por ejemplo que me preguntan más por el contenido de mis letras, y no tanto por el nombre del disco. Igual que no nos quedaríamos solo con el título de un libro, ¿no? O por lo menos eso es lo que me gustaría.