Por qué el creador del ‘like’ de Facebook eliminó la app de su móvil

Se cumplen diez años desde que Justin Rosenstein, junto a otros empleados de Facebook, ideó una nueva forma de mandar pequeñas dosis de positividad. Nació el tan amado y odiado like, y empezamos a experimentar el subidón cortoplacista del reconocimiento ajeno a base de clicks. Tras dejar la compañía hace unos años, Rosenstein se ha eliminado la app de Facebook en su móvil, y alerta de lo poderosas y adictivas que se han vuelto las redes sociales.

En una entrevista concedida a  The Guardian, el programador y ahora emprendedor de 34 años ha explicado que se ha tenido que prohibir a sí mismo el uso excesivo de redes y tecnología. Le preocupan los efectos psicológicos de tocar, deslizar o presionar en el teléfono miles de veces al día. Se eliminó Snapchat (aplicación que compara con la heroína) y se impuso límites en su uso de Facebook. Para ponérselo más difícil a las distracciones y la adicción, directamente le pidió a su asistente que le instalase un control parental en el iPhone que le impidiera bajarse aplicaciones. Se acabó lo de mirar las notificaciones cada cinco minutos.

Rosenstein describe el like como “radiantes pitidos de pseudo-placer” que pueden ser tan seductores como superficiales. Después de su creación en 2007, la interacción en Facebook se catapultó, y se empezaron a usar formas similares de aprobación en Twitter, Instagram, e infinitas otras plataformas. Mientras, Facebook iba cosechando valiosos datos sobre lo que las marcas nos pueden vender y lo que no. Ya conoces los algoritmos de Facebook, que se adaptan a tus ‘preferencias’ (o lo que hayas ‘clickado’ y ellos adopten como tal). Pero la red social no solo te presenta productos que quieres comprar, también identifica momentos en los que te sientes más inseguro para facilitar que te lleguen más Likes y engancharte todavía más, según un informe filtrado este año.

Eso significa que tienen todas las armas necesarias para explotar vulnerabilidades y manipular mentes. De hecho, en un post reciente (irónicamente publicado en su Facebook, entendemos que desde un ordenador), Rosenstein comenta que no pudo prever los efectos negativos del like. No tiene nada en contra de los trabajadores de Facebook, y se siente agradecido de haber podido trabajar en la empresa. Pero afirma que una vez descubiertos los daños colaterales de nuestros inventos, hay que actuar en consecuencia para repensar el diseño de las redes sociales. Y no es el único extrabajador de Facebook que piensa así.

Herejes de Silicon Valley

Leah Pearlman era compañera de Justin, también participó en la creación del like y también se ha hartado de su efecto cíclico y adictivo. Se ha instalado un plug-in para no ver su muro de Facebook, y ha contratado a un gestor de redes sociales para que monitorice su página por ella.

Por otro lado, Loren Brichter, inventor del mecanismo 'desliza para refrescar' que empezó a utilizar Twitter, cuenta que aunque no se diseñó con fines adictivos, el resultado ha sido justamente ese. "Me arrepiento de cada segundo que no le dedico a mis hijos por estar enganchado al móvil", le ha contado a The Guardian. Compañías como Facebook y Google dicen que solo les dan a los usuarios lo que ellos piden, "pero lo mismo podríamos decir de las tabacaleras o los traficantes de drogas", ha dicho un antiguo inversor de estos gigantes de internet.

Otro treintañero que se ha desencantado con la tecnología es el extrabajador de Google, Tristan Harris, al que entrevistamos en Código Nuevo. Tristan ha desarrollado una plataforma llamada Time Well Spent para concienciar de los peligros de la economía de la atención, en la cual las empresas pelean por una parte de nuestro tiempo a través de las redes. El resultado es que estamos constantemente desconcentrados, y somos cada vez menos capaces de apreciar el mundo no digital.

Si quienes han ayudado a construir las nuevas tecnologías son los primeros en querer apartarse de sus consecuencias negativas, por algo será. Son diseñadores, ingenieros y directores de producto que reniegan de su creación. Y no solo eso: según Rosenstein, es importante que se hable de esto porque ellos, los primeros mileniales, son la última generación que recuerda la vida antes de los smartphones y las redes sociales. Antes de estar todos pendientes del doble check de WhatsApp y los likes en Instagram o sencillamente embobados sin saber qué buscamos en nuestras pantallitas mágicas.

Llama la atención que muchos de estos conocedores de Sillicon Valley estén mandando a sus hijos a escuelas en las que están prohibidos los iPhones, iPads e incluso los portátiles. El lujo ya no es tener instalado el último software, sino optimizar la tecnología sin que te absorba el cerebro. Podríamos pensar que que el llamado ‘progreso’ no aporta nada si el valor neto no es positivo, es decir, si no nos hace llevar una vida mejor a nivel físico, mental y emocional.