El bolso que llevas define, más de lo que crees, el tipo de persona que eres

Cuando vas a por lo que quieres en la vida, tienes que saltarte miedos, prejuicios y convenciones, pero eso no significa pasar por encima de tus principios. June tiene 22 años y lleva junto a su amiga María una marca online de complementos de moda. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Pero el proyecto de estas jóvenes demuestra que puedes tener un impacto positivo en la sociedad sea cual sea tu pasión. Cada bolso de Zocco que compras es mucho más que un estampado trendy: le cambia la vida a una mujer en Marruecos o en la India. No es el único proyecto que te hace soñar con un capitalismo sostenible, pero su historia nos ha inspirado de principio a fin.

La voz de June destila fuerza y el entusiasmo contagioso de quien cree en lo que hace. Nos cuenta por teléfono desde Donosti que Zocco se fundó como muchas start-ups: por probar, con la ilusión de un proyecto entre colegas. En 2014 empezaron comprando coloridas almohadas marroquís para convertirlas en bolsos, vendieron 40 y se animaron. June y sus dos compañeras (de las cuales hoy solo sigue María) viajaron a Marruecos para comprar más material, y al ver cómo se elaboraba el producto, se dieron cuenta de algo tristemente común: la desigualdad en muchas cadenas de producción.

Ellas les compraban las almohadas a un tendero, que se las compraba a un intermediario y que, a su vez, se las compraba a un minorista que las obtenía de las mujeres que las confeccionaban. Cada almohada tardaba días en hacerse, y según cuenta June, fue entonces cuando vieron que "con tanto intermediario, a las artesanas les llegaba una mierda del dinero que pagábamos por unidad". Con la sensación de que eso no tenía sentido se empezó a gestar lo que es hoy actualmente Zocco, una marca con valor social cuyos productos hechos a mano recogen la artesanía y materiales de cada país a la vez que se les da apoyo real a las mujeres que lo confeccionan.

Tanto ella como María estaban entonces estudiando Liderazgo Emprendedor e Innovación. "Mucho mas práctica que ADE, porque aprendemos haciendo", lo describe June. Crear su propia empresa formó parte del programa académico, y ahora ella se dedica a tiempo completo a Zocco mientras se saca el Trabajo de Fin de GradoSegún nos cuenta, le vale la pena día a día. “Desde que emprendimos este viaje he cambiado muchísimo. Me ha hecho muy feliz”, resume June con unas palabras que le dan fuerza a cualquiera.

Tras su viaje a Marruecos decidieron cortar por lo sano los intermediarios y empezar a comprarles directamente a las artesanas, el alma de su producto. Al mismo tiempo empezaron a colaborar con asociaciones de empoderamiento de la mujer como Ait Hamza, para ver si podían replicar de alguna forma los talleres y los métodos de reforzar su autoestima. Y así fue como además de una remuneración digna por su trabajo, empezaron a darles clases de inglés, talleres de costura y sesiones de apoyo emocional. “Todo eso hace que cojan un peso en su familia que hasta entonces no tenían, porque además el único sueldo sustancial que entraba en casa era el de sus maridos”, cuenta June.

Sorprenden cuanto menos la iniciativa y el par de ovarios que tuvieron, y al preguntarles por los retos, June suelta un "¡Pufff!" instantáneo: "hay muchos retos, claro, sobre todo por la cantidad de trabajo para gestionar la marca. Nos faltan manos". Además, por el camino se han querido aprovechar de su ilusión. Unos traductores las timaron en su primer contacto con asociaciones, pero eso no las hizo bajarse del tren. Una vez empezaron a funcionar estas colaboraciones en Marruecos, viajaron a la India y se pusieron a "tocar todas las puertas que pudieron, para poder hacer crecer el proyecto y ayudar a más mujeres”.

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Después de mucho patear y tirar de contactos dieron con Quilt Culture, una asociación de apoyo en un suburbio de la ciudad de Pune. Cada una de las mujeres con las que trabajan está en una situación distinta pero June le tiene especial cariño a Parvati, una mujer musulmana en Pune, porque "cuando llegué era la más sonriente de todas". Antes de iniciar los talleres, Parvati prácticamente no salía de casa porque su marido no quería. Desde la asociación le convencieron y, poco a poco, se fue dando cuenta de su propia autonomía al pasar más tiempo con sus compañeras. El reto es que las comunidades vean con buenos ojos la emancipación de estas mujeres. “En un futuro nos gustaría trabajar con toda la familia, porque si ella ve que desde su familia no lo aceptan, es difícil que el proyecto tenga éxito”, apunta June.

Nos da la vena escéptica y preguntamos si con la feroz competencia del mercado es posible que una empresa así sea sostenible a largo plazo. Pero nuestra joven emprendedora no tiene dudas. “Claro que creo que es posible, si no no estaría haciendo lo que hago”, dice June sin dudar aunque reconoce que es complicado porque "aquí no estamos acostumbrados a pagar un precio más alto por un producto más ético". Sin embargo, todos sabemos que lo barato sale caro porque nos dura dos días.

Ella misma se toma en serio lo del consumo responsable. "Es complicado saber dónde comprar hoy en día, “pero, ¿qué hago?¿me tapo los ojos, consumo, y no pienso nada? A veces es tentador, pero con el hecho de cuestionarte dónde comprar, ya es un paso. El problema es entrar en Zara y ni pensar en las consecuencias”, sentencia. Una cosa es cierta: sin el apoyo del consumidor, las empresas que no hacen lo que toca se hundirían. "Procuro que al menos el 80% de lo que consumo sea sostenible", insiste June y con eso se refiere a rechazar marcas que están manchadas de explotación. "Hay que informarse mejor. Además, suelo mirar la etiqueta y dependiendo del país, si es por ejemplo Vietnam, Camboya, Marruecos o China, no compro", concluye consciente de que en estos países (y en muchos otros) no se respetan los derechos laborales.

La buena fe es embriagadora, pero no podemos evitar pensar en lo difícil que es replicar este modelo a gran escala. Si Zocco un día crece, ¿por qué no iba a convertirse en un nuevo Inditex? Pero la estudiante nos da una inyección de positividad. "Al contrario", comenta June que piensa que “cuando crece tu empresa también tienes más recursos para emplear gente fija que controle cómo haces las cosas y para poder hacer buenos contratos a los trabajadores”. Todo depende de cuál sea tu objetivo final: nadar en millones o vivir dignamente aportando valor real. La economía social no es tan utópica como parece.

Inspira saber que hay gente que además de ganarse la vida en una industria quiere transformarla por dentro. Si todos fuésemos conscientes de lo que podemos cambiar, otro gallo cantaría. Y no hay que olvidar, nos dice June, que “salga bien o salga mal, nunca se ha hecho nada importante sin intentarlo”.