Mindhunter: el thriller policiaco que te sumerge en la mente de los asesinos en serie

Si esperabas un thriller policiaco con acción, violencia gratuita y cuerpos mutilados por doquier, Mindhunter de Netflix no te habrá gustado. Los datos más escabrosos, en esencia necesarios, se dan con la justa explicitud y elegancia. Y tampoco hay barbaridades gráficas como las que presenciamos en Hannibal —una gran serie no apta para todas las sensibilidades—. Más bien se centra en el ámbito psicológico y la metodología más que en la violencia brutal que implican estos asesinatos atroces, pero conservando el morbo. Un Mentes criminales de calidad. Definitivamente, una de las mejores series del año, aunque no sea del todo perfecta.

Quizá el gran handicap de esta serie es que los dos primeros capítulos son un auténtico coñazo, por cierto, dos de los cuatro dirigidos por David Fincher. Una pena que muchos espectadores dejen de verla por esto porque es a partir de entonces cuando la trama va in crescendo hasta culminar de la mejor manera posible como para no poder esperar a ver la siguiente temporada. Era obvio que Fincher tenía que redimirse en los últimos minutos de alguna manera.

Entrando en detalles, el guión de Joe Penhall, basado en el libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit, de John E. Douglas y Mark Olshaker, cuenta la historia de cómo Holden Ford (Jonathan Groff), un joven agente del FBI, revoluciona las técnicas para atrapar a los malos y trata de entender la naturaleza de la criminalidad.

Todo ello ambientado a finales de los setenta, época en la que abundaba la cazurrería policial bajo premisas como: “Nosotros no hablamos con esa gente, la electrocutamos”A su particular lucha por acabar con los métodos de la vieja escuela, se suma el agente veterano Bill Tench (Holt McCallany) y Wendy Carr (espléndida Anna Torv), una psicóloga que les ayudará a perfilar el cuestionario de sus entrevistas. 

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Lo más emocionante es asistir al proceso de cómo van improvisando y puliendo la técnica de sus interrogatorios. A veces la cagan y los criminales les vacilan, detalle que nos sitúa más en la realidad y nos aleja de la cansina y extrema perspicacia de los agentes del tipo Sherlock Holmes o directamente mentalistas . Aún así, eso no quita que asistamos a una transformación brutal de un pardillo sosaina, enfundado en un traje 24/7que acaba siendo un manipulador encantado de conocerse a sí mismo con similitudes cercanas a las de sus sujetos de estudio.

Sin embargo, más interesante y espeluznante es que todos sus personajes son reales. Desde el magnífico personaje de Ed Kemper, apodado como ‘el asesino de las colegialas’ quien fue condenado por matar a diez personas —entre ellas su madre y sus abuelos— hasta el fotógrafo y fetichista de los stilettos, Jerry Brudos, también conocido como ‘el asesino de la lujuria’.

Un maravilloso casting combinado con un ritmo glacial y una trama centrada por completo en los diálogos, convierten a Mindhunter en un ensayo sobre la oscuridad y perversión humana más que en un drama policial al uso. Es espeluznante cómo consiguen que generes cierta empatía y fascinación por Kemper y, a la vez, te preguntes por qué un hombre culto y de semejante cociente intelectual puede ser un psicópata brutal, violador y descuartizador con gusto por la necrofilia. Emoción que ya habíamos experimentado con el señor Lecter y su refinado gusto.

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La serie plantea el topicazo que lleva devanando a los expertos durante décadas: ‘el asesino nace o se hace’. Tras crímenes tan impactantes como el de Charles Manson —al que ansiamos que entrevisten en la próxima temporada—, era inconcebible pensar en un criminal como una ‘víctima’, destruir el cliché de ‘malos y buenos’ y observar más la escala de grises. Gracias a este nuevo procedimiento para 'meterse en su mente’ y comprender las raíces del comportamiento criminal es posible crear una gran base de datos sobre el tema y acuñar el término de ‘asesino en serie’. No obstante, algunos patrones se repiten y llegan a ser lugares comunes, como que todos los asesinos tengan 'madres castrantes y padre ausentes'. 

Otro de los puntos que plantea es el hecho de que la violencia sexual y la naturaleza asesina sean más habituales dentro del género masculino. “Tal vez debería decir él o ella, pero sí la verdad. Sobre todo los varones están perturbados. Lo siento chicos”, contesta Ford ante la pregunta de una niña a si “solo los niños están perturbados”. La realidad es que algunas estadísticas le dan la razón: uno de cada diez asesinos es una mujer. También te somete a juicios incómodos sobre dónde está la línea entre un metodología diferente o un acto inapropiado.

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Una fotografía pulcra y aséptica junto a una buena banda sonora encajan con algunos detalles de lo más creepy que te revuelven y hacen que se te salten lágrimas del miedo —esa maldita lata— o esas pequeñas píldoras, posibles anticipos para la próxima, como la historia de Dennis Rader o BTK Killer (bind, torture, kill). Aunque no todo es impecable, algunas historias están un poco metidas a machetazos y no terminan de encajar.

Esperamos que estas 'tramas cojas o alternativas' se integren mejor en la segunda temporada y continúe este ‘quid pro quo’, que tanto le prometía Lecter a la agente Clarice Sterling, entre el dúo de agentes y los criminales. Fincher ya ha desvelado que la trama podría centrarse en los asesinatos de niños de Atlanta