'Un lugar tranquilo', la terrorífica película con la que no podrás gritar aunque quieras

Emily Blunt y John Krasinski protagonizan tus próximas pesadillas

Ni un sonido. Ni un susurro, ni una respiración, ni un arañazo. Nada. Cualquier ruido, por pequeño que sea, les atraerá. Vendrán, reptando y rugiendo en la oscuridad, y entonces sí habrá ruido: se hará el caos, ensordecedor, hecho de muerte y puro horror, y cuando se hayan ido querrás gritar, pero no podrás. No, porque entonces volverán. Mejor callar, contener el pánico y silenciar al corazón a mil por hora. Mejor callar, reponerse y seguir sufriendo —es decir, disfrutando— del último fenómeno del cine de terror, Un lugar tranquilo.

De vez en cuando llega una de estas películas. Obras aterradoras que se propagan como un virus, de boca en boca.“Te cagas de miedo”, dice uno. “Necesito verla”, responde el otro. Un lugar tranquilo llega a España el próximo viernes 20 de abril, pero ya recaudó el fin de semana de su estreno en Estados Unidos más de 50 millones de dólares, superando a gigantes de la taquilla como Ready Player Oneo la nueva Tomb Raider.

Mientras esperamos que afloje vejigas en nuestras salas, podemos entretenernos respondiendo a una pregunta: ¿por qué lo está petando tanto? Y es que no todos los horror flicksse ganan comentarios de la crítica como “no sales de ella con la impresión de haber experimentado una montaña rusa, sino que terminas como drogado: el tipo de colocón que solo viene de las mejores películas de terror”, como describe Brian Tallerico en RogerEbert,com.

Un lugar tranquilo,que nadie oiga tus gritos

El argumento de la película no parece demasiado enrevesado. Todo gira en torno a una granja, en la que vive una familia prototípica: un padre —John Krasinski, que también dirige y co-guioniza la cinta—, una madre —Emily Blunt, que en la vida real también es la mujer de Krasinski— y tres hijos, una de ellas sorda. Juntos, subsisten bajo la asfixiante ley de una única norma: no hacer ruido.

Paramount Pictures

Se comunican por signos, juegan al Monopoly con trozos de tela y caminan con el máximo cuidado de que la madera no cruja. De que el metal no repiquetee. Es la sensación de angustia que intentábamos reproducir en el primer párrafo de este texto, el peso constante de saber que ellos están ahí afuera. ¿Quiénes son estos seres terribles, ocultos a la vista? Ni idea: lo mejor para acercarse a esta película es evitar los spoilers y dejarse sorprender.

Lo que no es secreto, sin embargo, es que una película sobre el peligro de hacer ruido no tenga muchos diálogos. La gracia está en las imágenes y en el ritmo. En cómo Krasinski nos va llenando de tensión, nos va dejando ir la información con mano de hierro. En cómo vamos siendo conscientes de lo terrible que es un mundo donde no podemos gritar para pedir ayuda ni para advertir a otros.

Minuto a minuto y fotograma a fotograma, el director va moldeando con tensión una película tan precisa como un mecanismo de relojería. Poco a poco nos vamos enterando de qué está ocurriendo, y para cuando sabemos lo suficiente, ya es demasiado tarde. Ya no vale la pena fingir más: gritamos. Gritamos, nos oyen y el lugar deja de ser tranquilo. Qué gozada.