Cosas que las canciones de Laura Pausini de los 90 ya anticiparon sobre tus relaciones

De los creadores de Alex Ubago llega: Laura Pausini. La versión femenina del agorero del amor. Y lo jodido, es que las letras de la reina del pop italiano tenían razón en todo. Sin darte cuenta, Laura predijo todos y cada uno de tus desastres amorosos. ¿No te lo crees? Sigue leyendo y verás que no miento. Canción a canción, la artista sacó el Sandro Rey que lleva dentro y adivinó tu destino sentimental y tus fracasos amorosos con más fiabilidad que los tests de embarazo de Clearblue.

Un error de los grandes

“Un juego para no ganar, un error de los grandes, qué rabia que me da. La trampa en que caí, sin red. Sí, un error de los grandes, más repetiré”. En efecto: una oda a tus recién estrenados cuernos. Tu primera hostia en caída libre y sin paracaídas. ¿Y lo peor? Que como una tonta repites una y otra vez hasta que ensanchas los pasillos de casa. Tu corta pero intensa vida de millennial in love ya se ha puesto en modo telenovela y, aunque cuando descubres que el amor de tu vida retoza en camas ajenas, la noticia pica un poco, tú tranqui que lo superarás.

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La soledad

Dedicada a ese amor que se va de Erasmus y te deja a dos velas. Mientras él se la está gozando de lo lindo, tú te pasas el día mirando sus fotos e intentando no pensar en las fiestas multirraciales que se está pegando.“Marco se ha marchado para no volver, el tren de la mañana llega ya sin él”. Pero nada, tú erre que erre aferrada a ese amor universitario que tantas buenas noches te hizo pasar.

“Marco sigue en mí, le siento respirar, pienso que sigue aquí. Ni la distancia enorme puede dividir dos corazones y un solo latir”. ¡Eo! Sí, tú. ¡Entérate de una vez! Se ha ido y cuando antes te entre en la cabeza, antes curaran tus heridas. A rey muerto, rey puesto. Será por peces en el mar.

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Pero no. Tú sigues pillada hasta las trancas y te derrites en halagos para tu “Marcos” (nombre comodín aplicable a como leches se llamará aquel tío que te hizo perder la cabeza). “No es nada fácil, la verdad, en clase ya no puedo más, y por las tardes es peor, no tengo ganas de estudiar, por ti, mi pensamiento va”. Y, como bien decía Laura, ya no es que tuvieras el corazón roto, es que ibas a suspender hasta el recreo. ¡Espabila coño!

Se fue

Activando modo loca del coño. “Encadenada a noches de locura. Hasta a la cárcel yo iría con él. Toda una vida no basta, sin él”. Si, te volviste más crazy in love que Beyoncé y la dignidad te la pasabas por el arco del triunfo pero solo Laura lo veía: “Le rogaré, le buscaré, lo juro, le encontraré. Aunque tuviera que buscar en un millón de estrellas”. Estabas a un paso de la orden de alejamiento. ¿Es que no lo veías?

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Sí, vale, era un relación perfecta y “un beso suyo era una vida eterna”, pero chica, él se lo pierde. Seguir llorando solo va a servir para deshidratarte y tampoco es plan.

Amores extraños

Pasamos a los ligues de una noche en los que edad, nombre y profesión son datos más que suficientes para un orgasmo aceptable. Esos ‘amores efímeros’ que recordamos con cierta dificultad en función de los chupitos ingeridos. Y como no, Laura también entendía del tema y, entre acorde y acorde, te lo definía a la perfección. “La aventura de lo ilógico, la locura de lo mágico”. Seguramente tú lo hubieras descrito más como “eran las 5 de la mañana y tampoco quedaba gran cosa en la discoteca así que de perdidos al río”.

¿Cuántas veces nos hemos arrepentido de esas “historias que siempre contarás sin saber si son de verdad”? Porque a la noche estabas on fire bailando el ‘Felices los cuatro’ de Maluma, pero es salir el sol y florecer las lamentaciones. Paseíllo de la vergüenza, maquillaje obra de la pistola de Homer, medias rotas, pelo de recién f******... ¿te resulta familiar eh?

Entre tú y mil mares

Porque aunque la intención de hacer lo políticamente correcto golpea la puerta de nuestra conciencia, en algún momento todas hemos dejado de lado la moral y nos hemos convertido en “la otra”. Y aunque, a priori, parezca la situación más cómoda dentro del triángulo amoroso dado que, en teoría, somos la única que sabe toda la verdad y así lo aceptamos, un día nos enchochamos y empezamos a pasarlas canutas. El “ya me canse de que seas el perro del hortelano que ni comes ni dejas comer” Laura lo transforma en un melódico “No, mi vida, no. No aguanto, amor. O regresas o quédate.”

Un ultimátum que solo puede acabar de dos maneras: o bien él acaba eligiendo a su BAE que tanto quiere (eso sí, cuando follabais en su cama, ¡qué poco se acordaba de ella!) o por el contrario se queda contigo. Un falso final feliz que acabará contigo llorando por las esquinas porque, un buen día, tú serás la que habrá cometido “un error de los grandes”.