5 razones por las que le pedimos a David Lynch que no se despida del cine

"Águila de los Scouts, Missoula, Montana". Así se definía el propio David Lynch en el dossier de prensa de su película Corazón salvaje. Nos servirá de introducción a un director que, a pesar de su profundo arraigo al territorio estadounidense, ha conseguido hacer del suyo un cine universal. No se entiende, si no, la conmoción que ha provocado alrededor del mundo una reciente entrevista en la que anunciaba su intención de retirarse del medio. Cuarenta años después de su debut con Cabeza borradora y a apenas unos días del estreno de la nueva temporada de Twin Peaks, nos preguntamos: ¿Qué hace tan importante a David Lynch como para que no nos queramos despedir de él?

Es polifacético

Aunque se le conozca principalmente por su labor como cineasta y realizador televisivo, Lynch también ha realizado videoclips y anuncios, así como piezas experimentales de carácter museístico... y eso solo dentro del audiovisual. El director goza de la sensibilidad de un renacentista: posee una fructífera carrera como pintor, muy influenciada por Francis Bacon y recogida en el reciente documental David Lynch: The Art Life; ha lanzado múltiples álbumes que oscilan entre la música ambiental, el dream pop y el blues más sucio; ha hecho sus pinitos como diseñador de mobiliario e interiores, ¡e incluso tiene su propia marca de de café! Por no hacer referencia a su polémica posición como gurú de la Meditación Trascendental, y que vemos reflejada en sus memorias Atrapar al pez dorado.

Es una marca registrada

El escritor David Foster Wallace definía el adjetivo 'lynchiano' como el resultado de la convivencia de lo exageradamente grotesco con lo exageradamente banal, todo ello aderezado con los aspectos más pop de la cultura estadounidense. La trascendencia de un autor a través de un término de uso masivo que encapsule su estilo solo está al alcance de dos cineastas actuales (el otro, por supuesto, Tarantino). ¿Y cuáles son las claves del estilo de Lynch? Entre otros, la disolución de las fronteras entre sueño y realidad, un peculiar sentido del humor resultado de sus extravagantes personajes, sus etéreos números musicales o la influencia paralela de compatriotas como Hitchcock y con extranjeros como Berman o Fellini.

Ha hecho la mejor película del siglo

No lo decimos nosotros, lo dice una encuesta de la BBC que ha contado con la ayuda de 117 críticos. Hablamos de Mulholland Drive, un título que el lector puede asociar bien a una experiencia inefable y enigmática o bien a un críptico y farragoso interrogante. Es un fresco compuesto por personajes y tramas diversas —y no necesariamente conectadas— en el que cristalizan las principales obsesiones de Lynch, desde el juego de dobles al meta-comentario sobre la propia industria. Además, nos descubrió a Naomi Watts en el estelar papel de la ingenua soñadora Betty/la actriz fracasada Diane, lo cual justifica la existencia de la cinta por sí sola.

Su cine está de rabiosa actualidad

Su última película, que data ya de hace más de una década, es Inland Empire, su propuesta más radical hasta la fecha: una pesadilla abstracta de tres horas de duración sobre la disolución de la identidad de una actriz —interpretada por Laura Dern— en un océano de avatares posibles. Por si el tema no fuera lo suficiente actual en plena era Internet, también lo es su estética. Y es que Lynch, al no contar con el apoyo de ninguna productora que apostara por su arriesgado proyecto, lo rodó con una cámara digital común, logrando una inquietante estética amateur que nos remite al contenido que consumimos habitualmente en nuestros móviles y ordenadores, y que resulta un precedente directo del denominado cine low-cost, así como de las películas rodadas con smartphone.

Cambió para siempre la historia de la televisión

Se suele rastrear el origen del actual esplendor televisivo en Los Soprano, serie de HBO estrenada en 1999. Y aunque es cierto que la serie de David Chase es la que da el pistoletazo de salida o a la nueva ficción televisiva, también lo es que gran parte de lo que consideramos características de la misma se remontan a 1990, con Twin Peaks: un reparto coral con tramas propias, la mezcla de géneros tan insólitos como dispares (drama policiaco, comedia, telenovela o fantasía sobrenatural), y la apuesta por un ritmo calmado y cinematográfico inédito hasta el momento. La serie irrumpió en el panorama televisivo como un terremoto, ganándose el aplauso de la crítica y convirtiéndose inmediatamente en serie de culto. Con la segunda temporada en ciernes, ¿conseguirá sobrevivir a las elevadas expectativas del público? Habrá que esperar al próximo 21 de mayo para saberlo.